Alberto Donato Calliera
- Carlos Quiroga

- 3 mar 2020
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 3 mar 2020
“QUIERO QUE ME RECUERDEN COMO EL TIPO QUE LE SACÒ UNA SONRISA A ALGUIEN QUE ESTABA SUFRIENDO”.
Y de hecho que así lo haremos, porque con su fina ironía era capaz de de conseguir eso y mucho más. En uno de los últimos cafés que compartimos, me advirtió: “Si paso a la otra vida no se te vaya ocurrir titular, Se apagó la chispa de Calliera, porque sería un atentado contra mi creatividad”. En homenaje a la amistad que nos unió, comparto una de las tantísimas charlas que tuvimos en Sir Harrys , donde cada sábado nos juntábamos para analizar la realidad.

Fotos: CARLOS VILLAGRA
Para muchos Alberto Donato Calliera es el amigo entrañable que en los momentos difíciles o dolorosos de la vida ha sabido robarle una sonrisa, por eso cuando lo cruzan por la calle, aún sin conocerlo personalmente, se atreven a saludarlo parafraseándolo con su clásico “Vea amigo” .Él fiel a su estilo les devuelve el gesto con simpatía como si los conociera de toda la vida y con la sensatez que lo caracteriza reconoce que esos estrechos vínculos con la gente son frutos de su extensa carrera como humorista, que comenzó en 1981 en el desaparecido diario La Tarde y que luego se fue cimentando a través de los micros televisivos en los informativos y en la Viñeta de La Gaceta. “Como podrás observar el humor genera mucho poder. Tranquilamente me podría presentar como candidato”, afirma bromeando. A la vez que confiesa que sus ambiciones humorísticas no tienen límites y por eso era común cruzármelo en el bar leyendo los diarios o un libro y a la par un cuaderno donde anotaba las ideas que después desplegaría en sus micros , en el twitter o en algún micro relato para el suplemento literario.
"Tucumán es una rara mezcla de Calcuta por la pobreza; de Las Vegas por la timba; y de Macondo por la locura. De ahí nace Tuculandia, el territorio donde todo es posible"
Según reconoce, nunca fue el gracioso de la barra. Más bien era callado, reflexivo, pero un día en los cafés junto a los amigos se dio cuenta que su mirada irónica de las cosas era capaz de generar una sonrisa y un poco por instinto y otro poco tal vez por el destino, descubrió que había nacido en él el humorista ;y así como quien no quiere la cosa en sus ratos libres (trabajaba como viajante) fue escribiendo sus primeros sarcasmos. Hoy 30 años después de aquellos comienzos, es una marca registrada, que logró perdurar en el tiempo con altos picos de rating y una credibilidad que envidiaría hasta el periodista más prestigioso, según revelan algunas encuestas.

EL FISCAL DEL PUEBLO
-¿Y qué quiere decir con el humor?
- A veces lo que intentó es ser una especie de fiscal, que está mirando, observando a los responsables del poder, que son los protagonistas del humor político. Por eso siempre estoy atento, buscando descubrir la suciedad que hay debajo de la alfombra, el defecto, los remiendos de los sacos. Trato de descubrir el absurdo y ponerlo de manifiesto.
- Debo reconocer que muchas veces detrás de sus viñetas hay una crítica sagaz que cualquier periodista envidiaría.
- Yo considero que el humor bien manejado es una arma tremenda de crítica, que te permite decir con muy pocas palabras lo que a veces ocupa todo un editorial de un diario o de una revista.
Para muchos Alberto Calliera es el amigo entrañable que en los momentos difíciles o dolorosos de la vida ha sabido robarle una sonrisa, por eso cuando lo cruzan por la calle, aún sin conocerlo personalmente, se atreven a saludarlo parafraseándolo con su clásico “Vea amigo”.
- ¿Alguna vez lo censuraron?
- El humor no puede trabajar si existe la amenaza de la censura, porque se puede entrar en algo peor, que es la autocensura. Aunque yo por cierto he decidió fijar mis propios límites. Yo hay temas que no tocó deliberadamente porque no creo que den lugar para el humor.
- ¿A qué límites se refiere?
- Mis límites son por ejemplo la prostitución, la pedofilia y los desaparecidos. Tampoco hago humor de las drogas, de la violencia extrema, de los atentados, de la guerra, porque si hacemos humor de la droga lo ablandamos al tema y corremos el riesgo que los chicos tomen a la droga como una travesura, como una cosa pasajera y graciosa. Allí no tiene nada que hacer el humor, porque indirectamente hacemos apología.

El TATO BORES TUCUMANO
- ¿Cuál ha sido la clave para continuar vigente a lo largo de 40 años?
- Siempre he tratado de ir variando con mis chistes para no quedar encerrado en el tiempo ni en el espacio. Para ello he recurrido a la creación de personajes que encaran los problemas actuales, como por ejemplo las chismosas del barrio, Cuca, Palmira y Ruperta. Aunque debo reconocer que mi gran aliado a lo largo de estos años ha sido la actualidad, ya que yo trabajo para diarios e informativos. Y eso me permitió estar vigente a lo largo de estos 30 años, a diferencia de otros humoristas que basan sus chistes por ejemplo en relatos costumbristas.
Nunca fue el gracioso de la barra. Más bien era callado, reflexivo, pero un día en los cafés junto a los amigos se dio cuenta que su mirada irónica de las cosas era capaz de generar una sonrisa y un poco por instinto y otro poco tal vez por el destino, descubrió que había nacido en él el humorista
- -¿Qué se necesita para hacer humor?
- Observación, chispa y una gran formación. Los libros siempre sirven porque nos dan elementos para poder trabajar. Cuando más formado estas es mejor, porque podes apreciar y hacer una lectura más profunda de la realidad.

TUCULANDIA
- ¿Y por cierto la realidad tucumana es un campo fértil para hacer humor?
- Tucumán es una rara mezcla de Calcuta por la pobreza; de Las Vegas por la timba; y de Macondo por la locura. Un poco de todo eso se da en Tucumán y de ahí nace Tuculandia, el territorio donde todo es posible. A veces estos fenómenos se dan aisladamente en otros lugares, pero acá en Tucumán todos confluyen automáticamente y eso precisamente es lo asombroso y fascinante a la hora de hacer humor.
- ¿A quién admiras en el humor?
- A Groucho Marx, a Chaplin, a Woody Allen. Y a nivel local a Fontanarrosa, Quino y Tato Bores. Todos ellos no buscan el humor gratuito a través de la risa, sino ellos buscaron la reflexión a través de la risa. Y es precisamente el humor que pretendo hacer yo.
- ¿Cómo se explica que un humor como los de los Simpson guste a los argentinos?
- Yo siempre digo que declararía ciudadano honorario a Bart y a Homero Simpson, que siempre se rebelan contra la ley, las buenas costumbres. No hay duda que ellos son los que mejor reflejan a la sociedad argentina
- ¿Se puede vivir del humor?
- No. Lo que yo me plantee es convertir al humor en un producto que se pudiera vender y gracias a eso generé mis propios auspiciantes.
- ¿Cómo quieres que te recuerden cuando ya no estés en este mundo?
- -Quiero que me recuerden como un tipo que en algún momento difícil de la vida logró sacarle una sonrisa a alguien que está sufriendo, con eso me doy por satisfecho.



Comentarios